martes, 9 de abril de 2013

¿ PROMESA INCUMPLIDA ?

Iba paseando por las calles de mi pueblo cuando, de repente, fui abordado por mi amigo Rafa. Cruzamos unas palabras y surgió un tema para mi algo preocupante; mi blog de escritura. Resulta que  suele entrar en él y lee todo lo que yo escribo, dado que ha estado un tiempo sin nada nuevo, me echó la bronca. Aunque, eso si, de  forma cariñosa. No tuve más remedio que agarrarme a las excusas típico/tópicas  que estoy utilizando desde hace unos meses; falta de tiempo, falta de ganas, que si la familia, el trabajo, el deporte, etc. Aunque son totalmente ciertas y había que añadir que lo poco que escribo va destinado a concursos literarios donde exigen textos inéditos y que por lo tanto no puedo utilizar para el blog. Aún así, me llenó de ilusión saber que tengo lectores a los cuales conozco y a los que me puedo encontrar en cualquier momento. Esto es muy interesante ya que, de forma personal y directa, me van a decir que opinan de mis microrrelatos. Esto seguro que me ayudará a mejorar.

     El encuentro terminó con la solemne promesa de que pronto reanudaría la actividad del blog, los días han pasado y la situación no ha cambiado. Tengo la mente dispersa y no se me ocurre nada de lo que escribir. Temo el día que al girar una esquina aparezca él y me recrimine el incumplimiento de mi compromiso.

     Aprovecho para agradecer a Rafa y  a los que me leen, su paciencia y comprensión, pero sobre todo el que estén ahí y sus muy estimables comentarios.

     ¡Ah! Por cierto; ¡Rafa, este va por ti!

martes, 29 de enero de 2013

NADA SE ES SI AL FINAL TE OLVIDAN

Benito Cabañeros llegó al pueblo con su familia cuando la fábrica donde trabajaba se instaló a pocos kilómetros. Tardó unos años en entrar en la política local, siempre había sido rechazado por “forastero” al igual que muchos otros vecinos en su misma circunstancia. Él  la entendía  como algo que debía de hacerse para solucionar los problemas de los vecinos. Tras muchos años de ver como el pueblo en el que vivía, y donde el creía que pasaría el resto de su vida, seguía estancado y no evolucionaba decidió con un grupo de amigos lanzarse al ruedo. Sé afiliaron a un partido político de ámbito estatal y sin un puñetero duro, pero con mucha imaginación, trabajo unido a las ganas de cambio de los votantes,  consiguieron mayoría absoluta en el ayuntamiento.

      Su vida cambió drásticamente; a la dura jornada laboral en la fábrica, a su derecho y deber como padre se le unía la ocupación no retribuida del servicio público. Los días se hacían largos y las noches muy cortas.  Tantos años de desgobierno y despreocupación habían convertido el pequeño ayuntamiento en un cortijo para unos pocos y en un caos de papeles y expedientes por resolver. Su lucha fue dura; la contratación de nuevo personal laboral, oposiciones para las nuevas plazas de funcionarios, la jubilación de “los capataces del cortijo”, la completa ordenación de todo el archivo, la reestructuración de todos los antiguos servicios, la creación de muchos nuevos, la construcción de nuevas instalaciones y lo peor de todo… hacer frente al poder económico, cultural y religioso que siempre habían impuestos sus normas en la localidad.

     Nunca le perdonaron que fuese por libre, que tratara a todos por igual (independientemente de su procedencia, creencias o medios económicos). Desde el primer día fue criticado y calumniado, acosado e incluso amenazado. Muchos de los plenos de la corporación se tuvieron que celebrar bajo la seguridad de la Guardia Civil. Aunque parezca raro había gente que no deseaba que las cosas mejorasen y fuesen transformadas.

     El agua potable, el alumbrado público, parques y jardines, asfaltado de calles, un nuevo Centro de Salud, un nuevo Colegio, el Hogar de los Jubilados, la Casa de la Juventud, la rehabilitación y ampliación del Ayuntamiento, la creación de los Servicios Sociales y la  Policía Local no fueron actos suficientemente válidos ante la afrenta de no participar en las procesiones, de no asistir a la misa de los domingos, de no malgastar el dinero en fiestas y de haber cambiado el nombre de las calles (curas, dictador, militares y servidores del viejo régimen) por artistas, científicos, luchadores por la joven democracia e incluso antiguos nombres que se recuperaron.  En definitiva, no podían tolerar que un forastero hiciera más por el pueblo que los que se habían distinguido por ser de denominación de origen.

     A los seis años tuvo que dejarlo, lo que no pudieron conseguir las fuerzas vivas de la localidad lo logró su economía doméstica y su familia. Su mujer cansada de vivir sin su marido, obligada a atender a sus hijos, a trabajar (debido a que a su esposo le descontaban de la nómina del trabajo las horas que dedicaba al ayuntamiento), y que de su labor como Alcalde sólo conseguía la satisfacción personal por el deber cumplido, pero ningún beneficio para su maltrecha renta familiar, no le quedó otra salida que aceptar el ascenso e irse a vivir a la capital.  
     Los que se quedaron en su lugar carecían de su entusiasmo por el trabajo, de su ilusión, de su carisma y  de su capacidad de sacrifico. Sin él y frente a los grandes medios económicos que emplearon “los pura sangre” locales,  los de siempre pronto se hicieron de nuevo con el consistorio. Dedicaron todo su esfuerzo a borrar todo rastro de Benito, desaparecieron misteriosamente las placas de los edificios inaugurados, fotos, etc… Con el tiempo extendieron la idea de que el pueblo había crecido y modernizado gracias a ellos. Y de Benito nunca más se supo.

     Esto, nieto mío, te lo cuento porque pronto me iré al otro barrio y me parece muy injusto que al señor Cabañeros no lo recuerde nadie, gracias a él este pueblo es lo que es. Todos los que vinieron detrás no movieron ni un dedo si no recibían suculentas dietas y un buen sueldo por ejercer de políticos locales, además de los grandes negocios que realizaron con el ladrillo y  que  para muchos, de los que tú conoces, les permitió  amasar  la riqueza que ahora poseen. Te pido que algún día saques a la luz la labor de esos seis años. Que honres la memoria de ese Alcalde y de las personas que de forma totalmente desinteresada  hicieron entrar a este pueblo en el siglo XX y lo prepararon para el XXI.  

jueves, 20 de diciembre de 2012

ENCIERRO (microrrelato presentado al IV Certamen San Fermin)


Final de la cuesta de Santo Domingo, llevo las zapatillas, pañuelo rojo y el periódico enrollado en la mano. Siento las manos sudorosas, un hormigueo en la boca del estomago y los nervios a flor de piel. Es la hora, salida explosiva. Tengo 280 metros hasta la plaza del Ayuntamiento, la calle es estrecha y con pendiente hacia arriba. Me fijo, no hay sitio donde esconderme. Salgo a la plaza, esto se ensancha. Paso a varias personas, pero apenas las veo, estoy concentrado en correr. Giro a la izquierda, calle Mercaderes, veo donde van las vallas, en la tele me pareció que todo era mas ancho. Me entra miedo, aunque sigo corriendo. Tropiezo con varias personas, de mi boca intenta salir una disculpa y lo único que sale es un sonido ininteligible. Arribo a la famosa curva de Mercaderes donde los toros suelen caer y estamparse contra la valla. Enfilo la calle Estafeta, con ligera pendiente hacia abajo, aprieto los dientes y acelero el ritmo. Como un rayo atravieso Telefónica y encaro la plaza, oigo pitidos de coches, no me importa, con ligero giro a la izquierda entro en el callejón y desciendo hasta la puerta.
Mañana con corredores y toros será la hostia. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

GRACIAS TONI!


Apoyado en la pared esperando a que el tiempo transcurriera, las moscas revoloteaban por mi cara obligándome a estar continuamente con las manos en movimiento para espantarlas. No éramos muchos, algunos con cara triste, apesadumbrada y otros charlando animadamente contándose lo acontecido en el tiempo que no se habían visto. El coche fúnebre aparcado delante de la puerta de la iglesia ponía en situación a los viandantes que pasaban por la plaza. Pocos eran los que se encontraban dentro de la iglesia siguiendo el rito religioso. En mi soledad me dio tiempo a recordar los  años pasados de mi infancia en los que había tratado con el fallecido. Gracias a él conocí el vídeo y la tele en color, mis primeras colecciones de libros eran las que nos regalaba porque ya no le cabían en las estanterías. Algunos de los regalos de Navidad; libretas, lápices y gomas de borrar eran para mi los mejores presentes del mundo. La última vez que lo vi fue en la sala de espera de nuestro Centro de Salud, hablamos de política y de religión. El tenía ideas muy progresistas, nunca creyó en la Iglesia como institución y ahora las costumbres locales y tradiciones culturales habían “obligado” a su familia a enterrarlo siguiendo el rito católico, “invitándole” a entrar en un recinto que apenas había pisado en vida. Aunque pensándolo bien, ahora tampoco la estaba pisando, más bien descansaba fresquito en su envoltorio de pino mientras los demás estábamos pasando calor y soportando a las pesadas moscas. El clásico pasacalle hasta el cementerio fue rápido, él en el mercedes de alquiler y nosotros detrás con paso  ligero buscando las sombras de los nichos que nos cobijasen del calor. Tras pasar el ataúd por la obertura de su última morada y mientras decenas de ojos inspeccionaban el cierre, le dedique un último pensamiento; que tus ideas sigan fluyendo en la eternidad y que alguien las pueda aprovechar. 

lunes, 23 de julio de 2012

ABRIÓ LOS OJOS


Abrió los ojos. Tenía un terrible dolor de cabeza e intentó tocarse la frente, pero no pudo. Las manos no las podía mover, se asustó. Intentaba entender que pasaba, se encontraba tirado en el suelo con las manos atadas a la espalda, estaba encerrado en un habitáculo pequeño que en vez de puerta tenía una reja. 

Francisco era un trabajador con mujer y dos hijos, vivían en un piso hipotecado en las afueras de la ciudad. La empresa para la que trabajaba suministraba material a las obras de la Comunidad Autónoma, cuando comenzó la crisis él no se preocupó. En el 2010 la empresa no pudo aguantar los impagos de la administración y tuvo que presentar un ERE de extinción de contratos, Francisco se fue a la calle, no le importó, cogió el dinero y se fue a buscar trabajo, él era un profesional no tendría problema para encontrar trabajo. Comenzó la ronda de contactos y la presentación de curriculums en las empresas del sector, la misma respuesta “con la crisis no podemos contratar a nadie, nos sobra gente”. Los años pasaron y seguía sin encontrar trabajo, la prestación por desempleo se agotó. Hacia faenas esporádicas que le reportaban exiguos recursos económicos. La crisis continuaba y los políticos solo recortaban servicios y subían impuestos, pero eran incapaces de solucionar nada. La situación era desesperante, entró en una profunda depresión que le ocasionó la separación y la perdida de sus hijos.

Se encontraba sentado en un parque de la avenida, se había quedado bloqueado, en sus manos tenía una carta del juzgado donde le anunciaban que en 15 días le embargarían el piso. No sabía que iba a ser de él. De repente una comitiva llegó al parque, muchos trajeados, recordó haber visto un cartel anunciando la inauguración de una fuente nueva que había costado la friolera de 300.000 €. se indignó, él se quedaba sin casa por 30.000 € y estos políticos mediocres que no pagaban sus deudas, malgastaban el dinero en chorradas. Se levantó y se dirigió a donde estaban todos,  se quedaba en la calle, pero no se quedarían sin escucharle, les iba a decir lo ladrones, corruptos e ineficaces que eran. El que hablaba a la concurrencia era un alto cargo del gobierno autónomo, uno de esos que según los periódicos llevaba viviendo de la política más de 20 años y que estaba siendo investigado por un presunto delito de tráfico de influencias. Francisco no lo dudó y comenzó a gritarles; desde sinvergüenzas, inútiles que no sabéis gestionar el dinero, corruptos, menos políticos y más empleos, políticos dimisión, etc. Gritó todo lo que pudo hasta que llegó la seguridad y sin ningún miramiento lo sacaron a rastras de allí, no sin antes agradecerle todo lo gritado con unos cuantos porrazos en la cabeza, la espalda y las piernas. Lo dejaron tirado en un banco a unos 200 metros del lugar advirtiéndole que si volvía a molestar se lo llevarían detenido. Pasado un buen rato, apenas recuperado, se encaminó para casa. La mala suerte quiso que pasara por delante del bar donde un grupo, encabezado por el político de la inauguración, estaban tomando un refrigerio, pero la cosa empeoró cuando lo reconocieron y este (con unas copas de más) quiso vengarse. Se levantó y cortándole el paso se encaró con él. Le dijo muerto de hambre, revienta actos, que si le habían pagado los de la oposición. Mientras la claque y  lameculos oficiales le apoyaban y reían los insultos. Francisco no se amilanó y le dijo que era un político corrupto, que se había hecho rico con sus cargos, que era un inútil que no sabia gestionar el dinero de todos y que mientras la gente se quedaba sin trabajo, sin casa y se rompían las familias  el se gastaba miles de euros en fuentes decorativas. La respuesta fue un bofetón y un empujón  que lo lanzó al suelo mientras le decían que se jodiera, que los de su clase habían nacido para servir a los bien nacidos como él... A partir de ahí todo era confuso, recordaba vagamente la rabia que le reconcomía las entrañas, haber cogido una piedra que encontró cerca  y mientras gritaba que los políticos como él le habían jodido la vida,  golpeó repetidas veces con ella en la cara  del alto cargo, después gritos, golpes y oscuridad.

Un policía entró en la celda, le quitó las esposas y le ayudó a llegar al camastro. Le tiró un periódico al pecho donde en grandes letras y muchas fotos se destacaba la siguiente noticia; “UN EXTREMISTA ASESINA A UN MIEMBRO DEL GOBIERNO AUTÓNOMICO”.