jueves, 20 de diciembre de 2012

ENCIERRO (microrrelato presentado al IV Certamen San Fermin)


Final de la cuesta de Santo Domingo, llevo las zapatillas, pañuelo rojo y el periódico enrollado en la mano. Siento las manos sudorosas, un hormigueo en la boca del estomago y los nervios a flor de piel. Es la hora, salida explosiva. Tengo 280 metros hasta la plaza del Ayuntamiento, la calle es estrecha y con pendiente hacia arriba. Me fijo, no hay sitio donde esconderme. Salgo a la plaza, esto se ensancha. Paso a varias personas, pero apenas las veo, estoy concentrado en correr. Giro a la izquierda, calle Mercaderes, veo donde van las vallas, en la tele me pareció que todo era mas ancho. Me entra miedo, aunque sigo corriendo. Tropiezo con varias personas, de mi boca intenta salir una disculpa y lo único que sale es un sonido ininteligible. Arribo a la famosa curva de Mercaderes donde los toros suelen caer y estamparse contra la valla. Enfilo la calle Estafeta, con ligera pendiente hacia abajo, aprieto los dientes y acelero el ritmo. Como un rayo atravieso Telefónica y encaro la plaza, oigo pitidos de coches, no me importa, con ligero giro a la izquierda entro en el callejón y desciendo hasta la puerta.
Mañana con corredores y toros será la hostia. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

GRACIAS TONI!


Apoyado en la pared esperando a que el tiempo transcurriera, las moscas revoloteaban por mi cara obligándome a estar continuamente con las manos en movimiento para espantarlas. No éramos muchos, algunos con cara triste, apesadumbrada y otros charlando animadamente contándose lo acontecido en el tiempo que no se habían visto. El coche fúnebre aparcado delante de la puerta de la iglesia ponía en situación a los viandantes que pasaban por la plaza. Pocos eran los que se encontraban dentro de la iglesia siguiendo el rito religioso. En mi soledad me dio tiempo a recordar los  años pasados de mi infancia en los que había tratado con el fallecido. Gracias a él conocí el vídeo y la tele en color, mis primeras colecciones de libros eran las que nos regalaba porque ya no le cabían en las estanterías. Algunos de los regalos de Navidad; libretas, lápices y gomas de borrar eran para mi los mejores presentes del mundo. La última vez que lo vi fue en la sala de espera de nuestro Centro de Salud, hablamos de política y de religión. El tenía ideas muy progresistas, nunca creyó en la Iglesia como institución y ahora las costumbres locales y tradiciones culturales habían “obligado” a su familia a enterrarlo siguiendo el rito católico, “invitándole” a entrar en un recinto que apenas había pisado en vida. Aunque pensándolo bien, ahora tampoco la estaba pisando, más bien descansaba fresquito en su envoltorio de pino mientras los demás estábamos pasando calor y soportando a las pesadas moscas. El clásico pasacalle hasta el cementerio fue rápido, él en el mercedes de alquiler y nosotros detrás con paso  ligero buscando las sombras de los nichos que nos cobijasen del calor. Tras pasar el ataúd por la obertura de su última morada y mientras decenas de ojos inspeccionaban el cierre, le dedique un último pensamiento; que tus ideas sigan fluyendo en la eternidad y que alguien las pueda aprovechar. 

lunes, 23 de julio de 2012

ABRIÓ LOS OJOS


Abrió los ojos. Tenía un terrible dolor de cabeza e intentó tocarse la frente, pero no pudo. Las manos no las podía mover, se asustó. Intentaba entender que pasaba, se encontraba tirado en el suelo con las manos atadas a la espalda, estaba encerrado en un habitáculo pequeño que en vez de puerta tenía una reja. 

Francisco era un trabajador con mujer y dos hijos, vivían en un piso hipotecado en las afueras de la ciudad. La empresa para la que trabajaba suministraba material a las obras de la Comunidad Autónoma, cuando comenzó la crisis él no se preocupó. En el 2010 la empresa no pudo aguantar los impagos de la administración y tuvo que presentar un ERE de extinción de contratos, Francisco se fue a la calle, no le importó, cogió el dinero y se fue a buscar trabajo, él era un profesional no tendría problema para encontrar trabajo. Comenzó la ronda de contactos y la presentación de curriculums en las empresas del sector, la misma respuesta “con la crisis no podemos contratar a nadie, nos sobra gente”. Los años pasaron y seguía sin encontrar trabajo, la prestación por desempleo se agotó. Hacia faenas esporádicas que le reportaban exiguos recursos económicos. La crisis continuaba y los políticos solo recortaban servicios y subían impuestos, pero eran incapaces de solucionar nada. La situación era desesperante, entró en una profunda depresión que le ocasionó la separación y la perdida de sus hijos.

Se encontraba sentado en un parque de la avenida, se había quedado bloqueado, en sus manos tenía una carta del juzgado donde le anunciaban que en 15 días le embargarían el piso. No sabía que iba a ser de él. De repente una comitiva llegó al parque, muchos trajeados, recordó haber visto un cartel anunciando la inauguración de una fuente nueva que había costado la friolera de 300.000 €. se indignó, él se quedaba sin casa por 30.000 € y estos políticos mediocres que no pagaban sus deudas, malgastaban el dinero en chorradas. Se levantó y se dirigió a donde estaban todos,  se quedaba en la calle, pero no se quedarían sin escucharle, les iba a decir lo ladrones, corruptos e ineficaces que eran. El que hablaba a la concurrencia era un alto cargo del gobierno autónomo, uno de esos que según los periódicos llevaba viviendo de la política más de 20 años y que estaba siendo investigado por un presunto delito de tráfico de influencias. Francisco no lo dudó y comenzó a gritarles; desde sinvergüenzas, inútiles que no sabéis gestionar el dinero, corruptos, menos políticos y más empleos, políticos dimisión, etc. Gritó todo lo que pudo hasta que llegó la seguridad y sin ningún miramiento lo sacaron a rastras de allí, no sin antes agradecerle todo lo gritado con unos cuantos porrazos en la cabeza, la espalda y las piernas. Lo dejaron tirado en un banco a unos 200 metros del lugar advirtiéndole que si volvía a molestar se lo llevarían detenido. Pasado un buen rato, apenas recuperado, se encaminó para casa. La mala suerte quiso que pasara por delante del bar donde un grupo, encabezado por el político de la inauguración, estaban tomando un refrigerio, pero la cosa empeoró cuando lo reconocieron y este (con unas copas de más) quiso vengarse. Se levantó y cortándole el paso se encaró con él. Le dijo muerto de hambre, revienta actos, que si le habían pagado los de la oposición. Mientras la claque y  lameculos oficiales le apoyaban y reían los insultos. Francisco no se amilanó y le dijo que era un político corrupto, que se había hecho rico con sus cargos, que era un inútil que no sabia gestionar el dinero de todos y que mientras la gente se quedaba sin trabajo, sin casa y se rompían las familias  el se gastaba miles de euros en fuentes decorativas. La respuesta fue un bofetón y un empujón  que lo lanzó al suelo mientras le decían que se jodiera, que los de su clase habían nacido para servir a los bien nacidos como él... A partir de ahí todo era confuso, recordaba vagamente la rabia que le reconcomía las entrañas, haber cogido una piedra que encontró cerca  y mientras gritaba que los políticos como él le habían jodido la vida,  golpeó repetidas veces con ella en la cara  del alto cargo, después gritos, golpes y oscuridad.

Un policía entró en la celda, le quitó las esposas y le ayudó a llegar al camastro. Le tiró un periódico al pecho donde en grandes letras y muchas fotos se destacaba la siguiente noticia; “UN EXTREMISTA ASESINA A UN MIEMBRO DEL GOBIERNO AUTÓNOMICO”.

jueves, 12 de julio de 2012

A MIS "MATONES".



Ha llegado el momento, los nervios a flor de piel, las últimas instrucciones siguen pasándose de un lugar a otro. Los mensajeros avisan de las tropas, que su señor, mandará con su mejor caballero, a asaltar la villa y el tiempo estimado de llegada. El Canciller con sus oficiales ordena los mensajes y calcula cual será el orden de ataque. La villa elegida pertenece a un poderoso Señor Feudal, uno de esos que cree que puede coger lo que quiere y cuando quiere sin importarle a quien pertenece. Siempre se ha escudado en el miedo, en su villa bien defendida y su gran ejército. Después de varios días de asaltar y robar los recursos de los miembros más débiles de Los Matones, su Canciller ha decidido que ha llegado el momento de pararle los pies. Esto puede costar una guerra a gran escala, pero poco importa, mejor perderlo todo luchando que a manos de un impresentable que te ataca a traición. El Canciller da la orden de preparar a los milicianos, soldados valientes y muy útiles para reventar los muros que protegen la villa. Estos muros están protegidos por miles de armas defensivas: especialmente balistas y fundíbulos. Aunque antes de llegar a los muros hay que descubrir e inutilizar las trampas que camufladas esperan para eliminar a los soldados de a pie. También tendrán que retirar los abrojos que destrozan los pies de los combatientes y las patas de los caballos.
Los señores de la Alianza comienzan el ataque a la orden de su Canciller, desde distintos puntos y a la hora acordada salen los regimientos camino de la villa. La idea es que el grueso del ejército llegue a impactar el mismo momento, eso hace que no puedan ser reforzadas las murallas, ni repuestas las defensas, siendo el coste de tropas atacantes menor.  Pasados 45 minutos comienzan a llegar los informes, estos son recibidos con gritos de triunfo o con gritos ahogados, dependiendo del daño ocasionado. Todo marcha bien, faltan por llegar dos columnas con un gran número de efectivos y el muro ha perdido mucha resistencia y muchas defensas. Las dos llegan a la vez, un sonido atronador llega desde la villa, ¡el muro ha caído!. Los que han sobrevivido saquean y meten en las carretas todos los recursos que les pueden servir: oro, comida, mineral, madera y piedra. Lo máximo que puedan cargar y de regreso a casa. De nuevo la unión ha servido para tirar de su pedestal y quitarle poder a un abusador. El ambiente se relaja y todos de forma sincera comentan lo sucedido, no todos estaban seguros de que se podría entrar. De la relajación se pasa a la euforia; -somos los mejores, -lo teníamos que haber hecho antes, -se lo merecía., -nadie puede con nosotros, -llegaremos a ser los primeros, etc., etc., etc.. Su Canciller pensativo, asiente y piensa que todavía falta mucho por hacer, que necesitan crecer más, tener batallones más numerosos y con menos atacantes combatir con igual número de unidades. Un día, cualquier miembro de la alianza podrá repeler y contraatacar sin la ayuda de otro señor feudal. Y cuando llegue ese día, ¡ Los Matones serán respetados!, no solo por su valentía y su forma de pelear, si no  también por su Grandeza, ¡Aupa Matones!.

Era tarde, se despidió de sus compañeros, se salió del juego, apago el móvil y se fue a dormir. 

martes, 3 de julio de 2012

INCENDIO


Polvoriento, sucio, cansado, apoyado junto a un coche de bomberos y rodeado de amigos y  vecinos de su pueblo. Tomaban agua y hablaban de cómo luchar contra las llamas que amenazaban con destruir todas sus posesiones. Había sido un incendio provocado, más virulento que en años anteriores. Un bombero conectó la radio para oír las noticias, la emisora “pública”, pagada con dinero de todos pero al servicio de los gobernantes, emitía las palabras del Presidente del Gobierno Autonómico. Hubo una parte del discurso que se les quedó grabado; “…invertiremos todos los medios que sean necesarios para combatir el fuego...”. Al oír eso todos se miraron, una sonrisa cínica les afloró en el rostro. Ellos, exbrigadistas forestales, que todos los años  realizaban tareas de limpieza en el monte, que habían construido corta fuegos, que vigilaban para evitar incendios y que habían sido despedidos porque decían que no había dinero. Ellos que conocían el desinterés de la administración para la conservación de nuestra naturaleza y sabían que las consecuencias de esta catástrofe podían haber sido minimizadas. Ismael bebió un último sorbo de agua, se incorporó. Todos lo imitaron, se ajustaron los cascos, los guantes y cogieron palas, sierras y demás utensilios que con la urgencia habían sacado de sus casas. Se encaminaron directos al Cerro del Pino Centenario, necesitaban cortar el avance del fuego en ese punto, si lo rebasaba, todo lo que tenían lo podían perder. Además, preferían enfrentarse a las llamas, a continuar escuchando las mentiras oficiales que surgían  implacables  por la ventanilla del camión.