Apoyado en la pared esperando a
que el tiempo transcurriera, las moscas revoloteaban por mi cara obligándome a
estar continuamente con las manos en movimiento para espantarlas. No éramos
muchos, algunos con cara triste, apesadumbrada y otros charlando animadamente
contándose lo acontecido en el tiempo que no se habían visto. El coche fúnebre
aparcado delante de la puerta de la iglesia ponía en situación a los viandantes
que pasaban por la plaza. Pocos eran los que se encontraban dentro de la
iglesia siguiendo el rito religioso. En mi soledad me dio tiempo a recordar
los años pasados de mi infancia en los
que había tratado con el fallecido. Gracias a él conocí el vídeo y la tele en
color, mis primeras colecciones de libros eran las que nos regalaba porque ya
no le cabían en las estanterías. Algunos de los regalos de Navidad; libretas,
lápices y gomas de borrar eran para mi los mejores presentes del mundo. La
última vez que lo vi fue en la sala de espera de nuestro Centro de Salud,
hablamos de política y de religión. El tenía ideas muy progresistas, nunca
creyó en la Iglesia
como institución y ahora las costumbres locales y tradiciones culturales habían
“obligado” a su familia a enterrarlo siguiendo el rito católico, “invitándole”
a entrar en un recinto que apenas había pisado en vida. Aunque pensándolo bien,
ahora tampoco la estaba pisando, más bien descansaba fresquito en su envoltorio
de pino mientras los demás estábamos pasando calor y soportando a las pesadas
moscas. El clásico pasacalle hasta el cementerio fue rápido, él en el mercedes
de alquiler y nosotros detrás con paso ligero buscando las sombras de los nichos que
nos cobijasen del calor. Tras pasar el ataúd por la obertura de su última
morada y mientras decenas de ojos inspeccionaban el cierre, le dedique un
último pensamiento; que tus ideas sigan fluyendo en la eternidad y que alguien
las pueda aprovechar.
sábado, 29 de septiembre de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
ABRIÓ LOS OJOS
Abrió los ojos. Tenía un terrible
dolor de cabeza e intentó tocarse la frente, pero no pudo. Las manos no las
podía mover, se asustó. Intentaba entender que pasaba, se encontraba tirado en
el suelo con las manos atadas a la espalda, estaba encerrado en un habitáculo
pequeño que en vez de puerta tenía una reja.
Francisco era un trabajador con
mujer y dos hijos, vivían en un piso hipotecado en las afueras de la ciudad. La
empresa para la que trabajaba suministraba material a las obras de la Comunidad Autónoma ,
cuando comenzó la crisis él no se preocupó. En el 2010 la empresa no pudo
aguantar los impagos de la administración y tuvo que presentar un ERE de
extinción de contratos, Francisco se fue a la calle, no le importó, cogió el
dinero y se fue a buscar trabajo, él era un profesional no tendría problema
para encontrar trabajo. Comenzó la ronda de contactos y la presentación de
curriculums en las empresas del sector, la misma respuesta “con la crisis no
podemos contratar a nadie, nos sobra gente”. Los años pasaron y seguía sin
encontrar trabajo, la prestación por desempleo se agotó. Hacia faenas
esporádicas que le reportaban exiguos recursos económicos. La crisis continuaba
y los políticos solo recortaban servicios y subían impuestos, pero eran
incapaces de solucionar nada. La situación era desesperante, entró en una
profunda depresión que le ocasionó la separación y la perdida de sus hijos.
Se encontraba sentado en un
parque de la avenida, se había quedado bloqueado, en sus manos tenía una carta
del juzgado donde le anunciaban que en 15 días le embargarían el piso. No sabía
que iba a ser de él. De repente una comitiva llegó al parque, muchos trajeados,
recordó haber visto un cartel anunciando la inauguración de una fuente nueva
que había costado la friolera de 300.000 €. se indignó, él se quedaba sin casa
por 30.000 € y estos políticos mediocres que no pagaban sus deudas, malgastaban
el dinero en chorradas. Se levantó y se dirigió a donde estaban todos, se quedaba en la calle, pero no se quedarían
sin escucharle, les iba a decir lo ladrones, corruptos e ineficaces que eran. El
que hablaba a la concurrencia era un alto cargo del gobierno autónomo, uno de
esos que según los periódicos llevaba viviendo de la política más de 20 años y
que estaba siendo investigado por un presunto delito de tráfico de influencias.
Francisco no lo dudó y comenzó a gritarles; desde sinvergüenzas, inútiles que
no sabéis gestionar el dinero, corruptos, menos políticos y más empleos,
políticos dimisión, etc. Gritó todo lo que pudo hasta que llegó la seguridad y
sin ningún miramiento lo sacaron a rastras de allí, no sin antes agradecerle
todo lo gritado con unos cuantos porrazos en la cabeza, la espalda y las
piernas. Lo dejaron tirado en un banco a unos 200 metros del lugar advirtiéndole
que si volvía a molestar se lo llevarían detenido. Pasado un buen rato, apenas
recuperado, se encaminó para casa. La mala suerte quiso que pasara por delante
del bar donde un grupo, encabezado por el político de la inauguración, estaban
tomando un refrigerio, pero la cosa empeoró cuando lo reconocieron y este (con
unas copas de más) quiso vengarse. Se levantó y cortándole el paso se encaró
con él. Le dijo muerto de hambre, revienta actos, que si le habían pagado los
de la oposición. Mientras la claque y
lameculos oficiales le apoyaban y reían los insultos. Francisco no se
amilanó y le dijo que era un político corrupto, que se había hecho rico con sus
cargos, que era un inútil que no sabia gestionar el dinero de todos y que
mientras la gente se quedaba sin trabajo, sin casa y se rompían las
familias el se gastaba miles de euros en
fuentes decorativas. La respuesta fue un bofetón y un empujón que lo lanzó al suelo mientras le decían que
se jodiera, que los de su clase habían nacido para servir a los bien nacidos
como él... A partir de ahí todo era confuso, recordaba vagamente la rabia que
le reconcomía las entrañas, haber cogido una piedra que encontró cerca y mientras gritaba que los políticos como él
le habían jodido la vida, golpeó repetidas
veces con ella en la cara del alto cargo,
después gritos, golpes y oscuridad.
jueves, 12 de julio de 2012
A MIS "MATONES".
Ha llegado el momento, los
nervios a flor de piel, las últimas instrucciones siguen pasándose de un lugar
a otro. Los mensajeros avisan de las tropas, que su señor, mandará con su mejor
caballero, a asaltar la villa y el tiempo estimado de llegada. El Canciller con
sus oficiales ordena los mensajes y calcula cual será el orden de ataque. La
villa elegida pertenece a un poderoso Señor Feudal, uno de esos que cree que
puede coger lo que quiere y cuando quiere sin importarle a quien pertenece. Siempre
se ha escudado en el miedo, en su villa bien defendida y su gran ejército.
Después de varios días de asaltar y robar los recursos de los miembros más
débiles de Los Matones, su Canciller ha decidido que ha llegado el momento de
pararle los pies. Esto puede costar una guerra a gran escala, pero poco
importa, mejor perderlo todo luchando que a manos de un impresentable que te
ataca a traición. El Canciller da la orden de preparar a los milicianos,
soldados valientes y muy útiles para reventar los muros que protegen la villa.
Estos muros están protegidos por miles de armas defensivas: especialmente
balistas y fundíbulos. Aunque antes de llegar a los muros hay que descubrir e
inutilizar las trampas que camufladas esperan para eliminar a los soldados de a pie. También
tendrán que retirar los abrojos que destrozan los pies de los combatientes y las
patas de los caballos.
Los señores de la Alianza comienzan el
ataque a la orden de su Canciller, desde distintos puntos y a la hora acordada
salen los regimientos camino de la villa. La idea es que el grueso del ejército llegue a impactar el mismo momento, eso hace que no puedan ser reforzadas las
murallas, ni repuestas las defensas, siendo el coste de tropas atacantes
menor. Pasados 45 minutos comienzan a
llegar los informes, estos son recibidos con gritos de triunfo o con gritos
ahogados, dependiendo del daño ocasionado. Todo marcha bien, faltan por llegar
dos columnas con un gran número de efectivos y el muro ha perdido mucha
resistencia y muchas defensas. Las dos llegan a la vez, un sonido
atronador llega desde la villa, ¡el muro ha caído!. Los que han sobrevivido
saquean y meten en las carretas todos los recursos que les pueden servir: oro,
comida, mineral, madera y piedra. Lo máximo que puedan cargar y de regreso a casa.
De nuevo la unión ha servido para tirar de su pedestal y quitarle poder a un
abusador. El ambiente se relaja y todos de forma sincera comentan lo sucedido,
no todos estaban seguros de que se podría entrar. De la relajación se pasa a la
euforia; -somos los mejores, -lo teníamos que haber hecho antes, -se lo merecía., -nadie puede con nosotros, -llegaremos
a ser los primeros, etc., etc., etc.. Su Canciller pensativo, asiente y
piensa que todavía falta mucho por hacer, que necesitan crecer más, tener batallones más numerosos y con menos atacantes combatir con igual número de unidades. Un día, cualquier miembro de
la alianza podrá repeler y contraatacar sin la ayuda de otro señor feudal. Y
cuando llegue ese día, ¡ Los Matones serán respetados!, no solo por su valentía y
su forma de pelear, si no también por su Grandeza, ¡Aupa Matones!.
Era tarde, se despidió de sus
compañeros, se salió del juego, apago el móvil y se fue a dormir.
martes, 3 de julio de 2012
INCENDIO
Polvoriento, sucio, cansado,
apoyado junto a un coche de bomberos y rodeado de amigos y vecinos de su pueblo. Tomaban agua y hablaban
de cómo luchar contra las llamas que amenazaban con destruir todas sus
posesiones. Había sido un incendio provocado, más virulento que en años
anteriores. Un bombero conectó la radio para oír las noticias, la emisora
“pública”, pagada con dinero de todos pero al servicio de los gobernantes,
emitía las palabras del Presidente del Gobierno Autonómico. Hubo una parte del
discurso que se les quedó grabado; “…invertiremos
todos los medios que sean necesarios para combatir el fuego...”. Al oír eso
todos se miraron, una sonrisa cínica les afloró en el rostro. Ellos, exbrigadistas
forestales, que todos los años realizaban tareas de limpieza en el monte, que
habían construido corta fuegos, que vigilaban para evitar incendios y que
habían sido despedidos porque decían que no había dinero. Ellos que conocían el
desinterés de la administración para la conservación de nuestra naturaleza y sabían
que las consecuencias de esta catástrofe podían haber sido minimizadas. Ismael
bebió un último sorbo de agua, se incorporó. Todos lo imitaron, se ajustaron
los cascos, los guantes y cogieron palas, sierras y demás utensilios que con la
urgencia habían sacado de sus casas. Se encaminaron directos al Cerro del Pino
Centenario, necesitaban cortar el avance del fuego en ese punto, si lo rebasaba,
todo lo que tenían lo podían perder. Además, preferían enfrentarse a las llamas, a continuar escuchando las mentiras oficiales que surgían implacables
por la ventanilla del camión.
lunes, 25 de junio de 2012
AMARILLA CON RAYAS BLANCAS
Tumbado en su toalla azul,
decorada con estrellas de mar, intentaba esconder la cabeza bajo la sombra
protectora de su gran paraguas amarillo con rayas blancas. Necesitaba pensar,
ordenar sus ideas, ahora comenzaba una nueva vida en soledad. A sus cuarenta y
largos años se consideraba joven y no debía de tener ningún problema para
comenzar de cero. Se incorporó quedándose sentado cara al mar, las personas
paseaban por la orilla. Le gustaba observarlos, todos tan diferentes, pero a la
vez tan parecidos.
Surgió a lo lejos, poco a poco su
figura difuminada se fue aclarando, destacaba a pesar de la distancia. Su
silueta estilizada, su largo cabello azabache suelto a merced de la brisa
marina, ese precioso bañador de diseño que dejaban entrever sus encantos de
diosa griega y esos ojos…, dos ojos cautivadores de un negro intenso que te
marcaban a fuego si te miraban. Se
detuvo y echó un vistazo, él la miraba con cara de bobo y ojos inyectados en
deseo. Ella no lo dudó y se fue hacia allí. Juan cuando se dio cuenta miró a los lados,
miró hacia atrás y entonces comprendió que realmente se dirigía hacia su
sombrilla amarilla y con rayas blancas.
Le habló despacio, con voz suave,
se presentó y sin más preámbulos se sentó a su lado. Torpemente fue contestada
e invitada a una cerveza fría de su nevera portátil. En pocos minutos la
conversación era fluida, ella era hábil preguntando y Juan (al principio de
forma nerviosa e imprecisa) fue contestando. Pero a medida que disfrutaba de
esos ojos, de esa sonrisa, fue ganando en seguridad y en confianza.
Juan no se creía lo que estaba
ocurriendo, se encontraba en la playa con una preciosa sirena, le vida le
acababa de dar un giro de 180 º. Quería
que el tiempo transcurriese más despacio, quería saborear el momento. Hacia
mucho calor y ella le propuso un baño, juntos de la mano entraron corriendo al
agua. Jugaron, rieron y él no pudo evitar rozar su cuerpo con el suyo. El
estaba en una nube, se encontraba feliz, se lo estaban pasando muy bien, por
eso se sorprendió tanto cuando ella le propuso salir del agua. En la orilla
ella le beso fugazmente en los labios, luego le hizo girar la cara y le dio un
leve bocado en el cuello. Juan se quedó extasiado, no pudo reaccionar cuando
ella le dijo que en unos minutos volvía, que necesitaba recoger sus cosas. Echó
a andar por la orilla, él no le quitaba la vista de encima, ella se giró
fugazmente con una tierna sonrisa en los labios y Juan se fijo en esos ojos….,
esos ojos maravillosos que le estaban transmitiendo, ¿tristeza?, creyó ver un
atisbo de tristeza en su mirada. No podía ser, se había confundido, esto era increíble
y él era el hombre con más suerte del mundo.
Ese gran paraguas amarillo con
rayas blancas era inconfundible y Juan se encaminó hacia su toalla azul
decorada con estrellas de mar. La dura realidad le estalló sin avisar en su
cerebro ebrio de felicidad, la visión de su toalla vacía bajo la sombrilla, donde no quedaba ni rastro
de sus pertenencias, le hizo comprender el verdadero interés de una diosa
griega por un mortal cuarentón y descuidado físicamente.
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