viernes, 17 de mayo de 2013

¿DESEO O PESADILLA?


      Me levanté, otra vez había dormido mal. Se repetía desde que había cumplido un año como desempleado. Encendí el televisor, dejé el canal público  para ver la información manipulada que solían emitir. Miembros del gobierno anunciando las bondades de los recortes y de las subidas de impuestos. Mensajes como; hay que trabajar más  por menos, hay que apretarse el cinturón, hay que cotizar más años y cobrar menos jubilación, etc.

     Salí a la calle; gente buscando en contenedores, una señora mayor quejándose de que, con su pensión, tenía que mantener a su familia y a la de su hijo, un grupo de hombres hablando de Roque (el tercero del pueblo que se suicidaba en dos meses a causa de la mala situación económica). Todo era crispación, mal humor y pesimismo.

    Por la noche me preparé una gran cena; barra de pan de 0.22 céntimos y fiambre de 1€, todo regado con un agua maravillosa recién traída del grifo de la cocina. En la televisión, canal privado, nos bombardeaban con temas ya habituales; corrupción,  sobresueldos de miles de euros, donativos al partido gobernante a cambio de obras millonarias, pagos escandalosos a cargos públicos, dinero negro en paraísos fiscales, etc.

     De nuevo me desperté sobresaltado, la misma pesadilla. Yo, una persona pacifica, seguía soñando que me compraba un rifle de caza y me dedicaba a pegarles tiros a los banqueros, constructores, cargos públicos y políticos. Me inquietaba ese sueño opresivo y repetitivo.

martes, 9 de abril de 2013

¿ PROMESA INCUMPLIDA ?

Iba paseando por las calles de mi pueblo cuando, de repente, fui abordado por mi amigo Rafa. Cruzamos unas palabras y surgió un tema para mi algo preocupante; mi blog de escritura. Resulta que  suele entrar en él y lee todo lo que yo escribo, dado que ha estado un tiempo sin nada nuevo, me echó la bronca. Aunque, eso si, de  forma cariñosa. No tuve más remedio que agarrarme a las excusas típico/tópicas  que estoy utilizando desde hace unos meses; falta de tiempo, falta de ganas, que si la familia, el trabajo, el deporte, etc. Aunque son totalmente ciertas y había que añadir que lo poco que escribo va destinado a concursos literarios donde exigen textos inéditos y que por lo tanto no puedo utilizar para el blog. Aún así, me llenó de ilusión saber que tengo lectores a los cuales conozco y a los que me puedo encontrar en cualquier momento. Esto es muy interesante ya que, de forma personal y directa, me van a decir que opinan de mis microrrelatos. Esto seguro que me ayudará a mejorar.

     El encuentro terminó con la solemne promesa de que pronto reanudaría la actividad del blog, los días han pasado y la situación no ha cambiado. Tengo la mente dispersa y no se me ocurre nada de lo que escribir. Temo el día que al girar una esquina aparezca él y me recrimine el incumplimiento de mi compromiso.

     Aprovecho para agradecer a Rafa y  a los que me leen, su paciencia y comprensión, pero sobre todo el que estén ahí y sus muy estimables comentarios.

     ¡Ah! Por cierto; ¡Rafa, este va por ti!

martes, 29 de enero de 2013

NADA SE ES SI AL FINAL TE OLVIDAN

Benito Cabañeros llegó al pueblo con su familia cuando la fábrica donde trabajaba se instaló a pocos kilómetros. Tardó unos años en entrar en la política local, siempre había sido rechazado por “forastero” al igual que muchos otros vecinos en su misma circunstancia. Él  la entendía  como algo que debía de hacerse para solucionar los problemas de los vecinos. Tras muchos años de ver como el pueblo en el que vivía, y donde el creía que pasaría el resto de su vida, seguía estancado y no evolucionaba decidió con un grupo de amigos lanzarse al ruedo. Sé afiliaron a un partido político de ámbito estatal y sin un puñetero duro, pero con mucha imaginación, trabajo unido a las ganas de cambio de los votantes,  consiguieron mayoría absoluta en el ayuntamiento.

      Su vida cambió drásticamente; a la dura jornada laboral en la fábrica, a su derecho y deber como padre se le unía la ocupación no retribuida del servicio público. Los días se hacían largos y las noches muy cortas.  Tantos años de desgobierno y despreocupación habían convertido el pequeño ayuntamiento en un cortijo para unos pocos y en un caos de papeles y expedientes por resolver. Su lucha fue dura; la contratación de nuevo personal laboral, oposiciones para las nuevas plazas de funcionarios, la jubilación de “los capataces del cortijo”, la completa ordenación de todo el archivo, la reestructuración de todos los antiguos servicios, la creación de muchos nuevos, la construcción de nuevas instalaciones y lo peor de todo… hacer frente al poder económico, cultural y religioso que siempre habían impuestos sus normas en la localidad.

     Nunca le perdonaron que fuese por libre, que tratara a todos por igual (independientemente de su procedencia, creencias o medios económicos). Desde el primer día fue criticado y calumniado, acosado e incluso amenazado. Muchos de los plenos de la corporación se tuvieron que celebrar bajo la seguridad de la Guardia Civil. Aunque parezca raro había gente que no deseaba que las cosas mejorasen y fuesen transformadas.

     El agua potable, el alumbrado público, parques y jardines, asfaltado de calles, un nuevo Centro de Salud, un nuevo Colegio, el Hogar de los Jubilados, la Casa de la Juventud, la rehabilitación y ampliación del Ayuntamiento, la creación de los Servicios Sociales y la  Policía Local no fueron actos suficientemente válidos ante la afrenta de no participar en las procesiones, de no asistir a la misa de los domingos, de no malgastar el dinero en fiestas y de haber cambiado el nombre de las calles (curas, dictador, militares y servidores del viejo régimen) por artistas, científicos, luchadores por la joven democracia e incluso antiguos nombres que se recuperaron.  En definitiva, no podían tolerar que un forastero hiciera más por el pueblo que los que se habían distinguido por ser de denominación de origen.

     A los seis años tuvo que dejarlo, lo que no pudieron conseguir las fuerzas vivas de la localidad lo logró su economía doméstica y su familia. Su mujer cansada de vivir sin su marido, obligada a atender a sus hijos, a trabajar (debido a que a su esposo le descontaban de la nómina del trabajo las horas que dedicaba al ayuntamiento), y que de su labor como Alcalde sólo conseguía la satisfacción personal por el deber cumplido, pero ningún beneficio para su maltrecha renta familiar, no le quedó otra salida que aceptar el ascenso e irse a vivir a la capital.  
     Los que se quedaron en su lugar carecían de su entusiasmo por el trabajo, de su ilusión, de su carisma y  de su capacidad de sacrifico. Sin él y frente a los grandes medios económicos que emplearon “los pura sangre” locales,  los de siempre pronto se hicieron de nuevo con el consistorio. Dedicaron todo su esfuerzo a borrar todo rastro de Benito, desaparecieron misteriosamente las placas de los edificios inaugurados, fotos, etc… Con el tiempo extendieron la idea de que el pueblo había crecido y modernizado gracias a ellos. Y de Benito nunca más se supo.

     Esto, nieto mío, te lo cuento porque pronto me iré al otro barrio y me parece muy injusto que al señor Cabañeros no lo recuerde nadie, gracias a él este pueblo es lo que es. Todos los que vinieron detrás no movieron ni un dedo si no recibían suculentas dietas y un buen sueldo por ejercer de políticos locales, además de los grandes negocios que realizaron con el ladrillo y  que  para muchos, de los que tú conoces, les permitió  amasar  la riqueza que ahora poseen. Te pido que algún día saques a la luz la labor de esos seis años. Que honres la memoria de ese Alcalde y de las personas que de forma totalmente desinteresada  hicieron entrar a este pueblo en el siglo XX y lo prepararon para el XXI.  

jueves, 20 de diciembre de 2012

ENCIERRO (microrrelato presentado al IV Certamen San Fermin)


Final de la cuesta de Santo Domingo, llevo las zapatillas, pañuelo rojo y el periódico enrollado en la mano. Siento las manos sudorosas, un hormigueo en la boca del estomago y los nervios a flor de piel. Es la hora, salida explosiva. Tengo 280 metros hasta la plaza del Ayuntamiento, la calle es estrecha y con pendiente hacia arriba. Me fijo, no hay sitio donde esconderme. Salgo a la plaza, esto se ensancha. Paso a varias personas, pero apenas las veo, estoy concentrado en correr. Giro a la izquierda, calle Mercaderes, veo donde van las vallas, en la tele me pareció que todo era mas ancho. Me entra miedo, aunque sigo corriendo. Tropiezo con varias personas, de mi boca intenta salir una disculpa y lo único que sale es un sonido ininteligible. Arribo a la famosa curva de Mercaderes donde los toros suelen caer y estamparse contra la valla. Enfilo la calle Estafeta, con ligera pendiente hacia abajo, aprieto los dientes y acelero el ritmo. Como un rayo atravieso Telefónica y encaro la plaza, oigo pitidos de coches, no me importa, con ligero giro a la izquierda entro en el callejón y desciendo hasta la puerta.
Mañana con corredores y toros será la hostia. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

GRACIAS TONI!


Apoyado en la pared esperando a que el tiempo transcurriera, las moscas revoloteaban por mi cara obligándome a estar continuamente con las manos en movimiento para espantarlas. No éramos muchos, algunos con cara triste, apesadumbrada y otros charlando animadamente contándose lo acontecido en el tiempo que no se habían visto. El coche fúnebre aparcado delante de la puerta de la iglesia ponía en situación a los viandantes que pasaban por la plaza. Pocos eran los que se encontraban dentro de la iglesia siguiendo el rito religioso. En mi soledad me dio tiempo a recordar los  años pasados de mi infancia en los que había tratado con el fallecido. Gracias a él conocí el vídeo y la tele en color, mis primeras colecciones de libros eran las que nos regalaba porque ya no le cabían en las estanterías. Algunos de los regalos de Navidad; libretas, lápices y gomas de borrar eran para mi los mejores presentes del mundo. La última vez que lo vi fue en la sala de espera de nuestro Centro de Salud, hablamos de política y de religión. El tenía ideas muy progresistas, nunca creyó en la Iglesia como institución y ahora las costumbres locales y tradiciones culturales habían “obligado” a su familia a enterrarlo siguiendo el rito católico, “invitándole” a entrar en un recinto que apenas había pisado en vida. Aunque pensándolo bien, ahora tampoco la estaba pisando, más bien descansaba fresquito en su envoltorio de pino mientras los demás estábamos pasando calor y soportando a las pesadas moscas. El clásico pasacalle hasta el cementerio fue rápido, él en el mercedes de alquiler y nosotros detrás con paso  ligero buscando las sombras de los nichos que nos cobijasen del calor. Tras pasar el ataúd por la obertura de su última morada y mientras decenas de ojos inspeccionaban el cierre, le dedique un último pensamiento; que tus ideas sigan fluyendo en la eternidad y que alguien las pueda aprovechar.