Abro los ojos. La oscuridad me
invade. Giro la cabeza, son las 04:22h. de la mañana. Comienza un nuevo y
repetitivo día. Ahora toca dar vueltas y vueltas, cerrar los ojos fuertemente e
intentar dormir hasta que suene el despertador. Medio bien, medio mal logro
llegar al timbre que marca el inicio de las actividades del día. Me levanto con
esa sensación de pesadez en la boca del estomago y con esa tensión en hombros y
cuello que no consigo hacer desaparecer. El día no es complicado, pero no me
traerá ninguna novedad que mejore mi
situación. Llevar a los niños al cole, charlar con el resto de papás y mamás
que están como yo, volver al hogar. Hacer algo de faena en casa, mirar ofertas de empleo por Internet, enviar
CV’s (si encuentro algo interesante), intentar leer algo que me enganche y me
distraiga. Las horas pasan con esa sensación de perdida de tiempo. Luego si
tengo ánimo me iré a correr un poco, me servirá para auto-convencerme de que "hoy he
hecho algo útil". Mas tarde comida
familiar y deprisa a casa a “descansar”. Preparar las meriendas de los niños.
Ir al cole, recogerlos, deberes, plaza,
parque, juegos y vuelta a casa. Que dejen las cosas en el sitio, duchas, cenas,
ver dibujos en la tele y esperar a que llegue mi mujer. Se escucha la llave, se
abre la puerta. El entorno cambia, se relaja el ambiente. Ella llega cansada,
pero feliz. Reparte besos y abrazos. Nos pregunta como ha ido el día y casi sin
poder cambiarse, comienza de manera automática a recoger en la cocina, a meter
ropa en la lavadora, a sacar lo de la secadora, a pasar la escoba. No para. A
medida que va haciendo va preguntando que he hecho hoy. En algunos momentos se
enfada un poco, me dijo que hiciera alguna cosa y yo no la he hecho, ni
siquiera recuerdo que me pidiera hacerlo. Pero enseguida se le pasa. Intenta
animarme con anécdotas del trabajo, dice que hay amigos que se han interesado
por mi y que me tienen en cuenta. Que no me preocupe, que todo cambiará. Que
aproveche para disfrutar de mis hijos y para hacer todo lo que en veintitantos
años trabajando no pude hacer. Ella no sabe que para poder disfrutar de algo
tienes que desear hacerlo, ahora mismo, yo solo deseo sentirme útil aportando un
sueldo a casa.
lunes, 21 de mayo de 2012
lunes, 14 de mayo de 2012
¿SOMOS TODOS “FENICIOS”?
Domingo. Comida Familiar. En el
momento del café y los licores. Tras el vino y la cerveza ingerida en la comida
las lenguas se sueltan, las mentes se relajan, y el ambiente sosegado y
tranquilo invita a la conversación.
-
Está todo igual de mal, está crisis no se arregla -, dejó
caer Antonio para iniciar la conversación.
-
Como se va a arreglar… si aquí el que no corre vuela-,
comentó Eduardo.
-
Está crisis es por culpa de todos. Todos somos unos
aprovechados-, sentenció Inma (la mujer de Eduardo).
-
¿Cómo qué de todos?. Este problema viene por culpa de
los especuladores y por los políticos corruptos e ineptos que nos gobiernan. No
¡de todos!, faltaría mas-, dijo Antonio comenzando a acalorarse.
-
Está crisis se acabaría si todos pagasen sus impuestos,
si nadie se llevase su dinero a paraísos fiscales, si los que están cobrando el
paro no trabajasen en negro, si todos los profesionales cobrasen sus honorarios
con la correspondiente factura….
-
Sí no sacáramos las medicinas con la cartilla de la
abuela para que nos salgan gratis, si los médicos no recetaran más pastillas
que las que corresponde al tratamiento, si estos no se dejarán “untar” por los
visitadores médicos para que receten las medicinas de su empresa farmacéutica…
(seguía argumentando Inma apoyando a su marido).
-
Pero vamos a ver, eso sucede porque no hay ningún tipo
de control. ¿Cuantas inspecciones de hacienda se realizan?, ¿Cómo hacienda no
investiga a un “fontanero” por decir algo, que declara pocos ingresos y resulta
que va en coche de alta gama, tiene casa, chalet y viaja con mucha
frecuencia?-. dijo Antonio defendiendo su postura.
-
Todos somos unos chorizos, cuando podemos nos
aprovechamos de la situación y le sacamos más beneficio de lo que toca. En el
Norte de Europa no pasa, pero en España somos todos “fenicios”, nos gusta el
trapicheo, sacar el máximo rendimiento a las cosas y lo más rápido posible, sin
importarnos si es legal o no. Esto no tiene arreglo-, insistía Eduardo.
-
Yo creo que sí. No podemos seguir permitiendo está situación.
Político que robe… que devuelva lo robado y castigado duramente. Políticos que
gestionen mal… a la puñetera calle y que se responsabilicen del daño que
ocasionan a los ciudadanos, más impuestos para el que más gana, penalizar la
mala gestión bancaria y perjudicial para sus clientes y no que se vayan de
rositas con indemnizaciones millonarias…
-
¡Qué no hay remedio!- , le cortó Eduardo en voz alta.
En ese momento
Antonio sintió en su hombro la mano huesuda y deforme (por la artritis) de la
octogenaria iaia Esperanza y sin que nadie se lo pidiera, intervino:
-
Eduardo, no por gritar más tienes mayor razón. Lo
situación está mal. No sé si somos fenicios o griegos. Lo que la vida me ha
enseñado es que si uno no se esfuerza por cambiar las cosas estás nunca cambian.
Si la cosa está tan mal, ¿por qué no hacéis algo?.
lunes, 7 de mayo de 2012
¡SILENCIO!
¡ Shhhhhhhhhhhhhh!!, la
bibliotecaria pide silencio continuamente. Los niños que están en la parte
infantil hablan, se distraen y apenas hacen caso al cuento que tienen delante.
Una madre persigue a su bebé que se divierte arrastrando las sillas de un lugar
a otro.
El murmullo de las personas que
conversan en la plaza sube y baja en función de la apertura de la puerta. Una
melodía de flautas se apodera de las voces de la calle. Se puede identificar la
canción, la más conocida de la película “Los niños del Coro” pronto inunda la biblioteca. Me asomo por
curiosidad; tres niñas con uniforme escolar ensayan la canción en el rincón más
oculto de la plaza. Un rincón que se encuentra, ¡justamente!, al lado de la
biblioteca. Dura poco, aunque ha sido intenso. De nuevo los sonidos de la plaza
llegan de manera atenuada. Es llevadero, siempre y cuando, la puerta permanezca
cerrada. Pero esta tarde no es mi tarde, el acceso nunca estaba quieto el tiempo suficiente. El tráfico está
entusiasmado, padres y niños entran y salen como si de un centro comercial en
hora punta se tratase.
Miro a la bibliotecaria. Ella con
porte serio sigue “¡Shhhhhhhhhhhhh!”. Se levanta e invita a varios niños a
salir a jugar a la plaza. En unos minutos la estancia es más confortable, casi
llegamos a ese nivel de silencio que considero debería ser sagrado. Por fin
puedo concentrarme para escribir algo. Me preparo, miro a la calle buscando mi
inspiración. La visión se torna opaca. Los cristales se llenan de adolescentes.
Muevo la cabeza y me fijo en los libros; novela, ciencias aplicadas, ciencias
puras, ciencias sociales, …, el orden de los libros me llama la atención. Puede
ser un buen tema.
De repente, un sonido estridente parece surgir de las
manos de las adolescentes del cristal, música, música de móvil y más música de
móvil.
Me levanto, hoy no es día para
escribir nada.
jueves, 3 de mayo de 2012
EJECUTADO POR ENSUCIAR
Esa sombra fresquita en la cual
nos cobijábamos cada vez que cruzábamos por el paso de peatones. Parada obligatoria
de los usuarios del Hogar del Jubilado
donde apoyarse, descansar y guarecerse del calor primaveral. Años de compañía,
similitudes de crecimiento con mis hijas, lugar de encuentro del personal de
limpieza donde (además de trabajar) disfrutaban de los 5 minutos del cigarrito.
Cortina preciosa de hojas verdes que escondía los pequeños almacenes de
residuos que nadie quiere delante de su puerta.
Después de muchos años de vernos todos los días, has sido ejecutado por
orden gubernamental. El Señor Concejal ha decidido que eres culpable de
ensuciar. Tus hojas y tus frutos manchan los suelos de la acera y la calzada. Suelos
que siempre están decorados por restos de los contenedores adyacentes, por los
excrementos de perro, por papeles, colillas y bolsas. Majestuoso ser vivo que ya no estarás, ramas y
hojas que ya no filtrarán los rayos del sol, te has quedado en simple tocón que
estropeara el paisaje. En obstáculo con el cual evitaremos tropezar, en simple
bulto en la acera que se convertirá en escultura a la estupidez humana.
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