Aunque me encuentro refugiado
bajo un árbol este poniente me alcanza y me asfixia. El vaso de cerveza fría me
acompaña y la ropa me estorba. Me siento aislado, a pesar de tener a escasos 25 metros a varios niños jugando dentro de la piscina, pero
el piar de los pájaros, la ausencia de ruido de los coches, el sonido de las
ramas mecidas por el viento y la no presencia de más adultos en las cercanías,
me permiten concentrarme en mis cosas y disfrutar de la soledad del momento. Tengo
un libro en mis brazos, he comenzado a hojearlo. El principio está lleno de
datos que el autor puede considerar importantes para el desarrollo de la trama,
pero a mi no me incitan a continuar. Oigo
voces que se acercan y me rodean, deduzco que me han visto solo y quieren
hacerme compañía, sin saber que en estos momentos estoy con mucho calor, pero
disfrutando de mi aislamiento. Antes de sentarse me saludan y miran
descaradamente al libro. Como no lo conocen se les rompe esa vía de dialogo,
¡bien!. Me asaltan con la típica pregunta; ¿qué haces aquí tan solo?, y continúan
con; ¿cómo llevas el calor?. Les miento, les digo que apenas noto este
desagradable aíre caliente y que Paco, Lidia y Antonio han ido a por bebida. Comienzan
a invadir mi espacio, cada vez se acercan más. Quieren entablar conversación,
¡qué pesados!, e interesarse por mi vida. Me acaban de fastidiar mi momento de felicidad acalorada. Les
contesto con monosílabos e intento no darles cancha. Ellos insisten, ¡me están jorobando!,
la cerveza se acaba, la boca se me seca y el sudor invade mi ropa. No sé que
tengo, no sé que les atrae de mí, pero no cejan en su empeño de aproximarse.
¡No lo aguanto más!, me levanto, me excuso y me encamino hacia otra parte. En
cuanto salgo de mi árbol me doy cuenta de mi error, lo veo todo nítido y claro.
No querían hacerme compañía, solo deseaban conquistar el trozo de sombra que yo
poseía.
lunes, 11 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
EL PRIMER DÍA DE PLAYA
Nuestro primer día de playa. Un
radiante sol nos acompaña y la brisa marina nos refresca. Coger un espacio vacío
cerca de la orilla es complicado, las hamacas de alquiler ocupan los mejores
sitios y un lugar público se convierte en negocio para unos pocos. Dejamos las
toallas entre una familia, un grupo de jovencitas, un grupo de padres solteros
(o eso parecen), una parejita, y algunas mujeres que se tuestan al sol luciendo
minúsculos bikinis. Sin querer buscarlo, mi vista tendrá bonitas imágenes que
mis genes masculinos agradecerán. Nos desvestimos, nos situamos en las toallas
y mis hijas salen corriendo hacia la orilla. Me siento feliz, verlas disfrutar,
reír, idear como construir su pozo o su castillo, como se las ingenian para llevar
arena seca a su creación, es una gozada. Lamento no traer la cámara de fotos,
la imagen de mis hijas sentadas en la orilla, inmersas en su proyecto, el pelo que
se les mece al compás de las olas y el viento que llega del mar. Un mundo de
colores, el marrón-verdoso-blanco del agua, los rojos, amarillos, azules, con
dibujos, con rayas, con lentejuelas… de los bañadores y bikinis, las personas
que no cesan de pasar por ese punto. Los gestos que hacemos y posturas que
adoptamos y sobre todo la luz, esa luz increíble que tenemos, que invita a
dejar este momento registrado para poder revivirlo en tiempos futuros. Siento
no traer mi libreta y mi bolígrafo para escribir algo, me siento inspirado…,
pero también observado. Miro a mí alrededor y encuentro el motivo de mi
inquietud, unos “ojos” me miran de forma intensa, acompañan a un cuerpo bonito
que esconde su rostro a la sombra de una sombrilla roja, la estampa me llama la
atención y me hace gracia. Realmente parece que esos ojos me observan….
Las horas pasan rápidas entre
juegos, conversación, chapuzón y un sinfín de estímulos y percepciones. Pero el
sol comienza a castigar con dureza y nuestras pieles aun aletargadas después
del invierno no están preparadas para tanto calor. Nos marchamos, con la
convicción de volver otro día y seguir disfrutando…
martes, 29 de mayo de 2012
Doble cara
Apenas
había podido terminar sus estudios superiores, vestía de forma limpia, pero
desaliñada y con ropas demasiado anchas. Hacia meses que estaba sin trabajo y
vivía de la prestación por desempleo que generaron sus diez años de actividad….. Siempre que salía de
casa intentaba ir por la acera menos concurrida, no deseaba hablar con nadie. Continuamente
había alguien dispuesto a contar sus problemas o a curiosear en vida ajena. Le
molestaba tener que dar explicaciones o escucharlas de quienes no compartían
con él una relación más estrecha.
Tras
girar una esquina se dio de bruces con Estrella, una chica preciosa, dos años
menor que él, que vivía en pareja con un estupido musculitos que trabajaba en
el metal. Ella no era feliz, pero aguantaba. Estrella le pidió disculpas por el
choque, le sonrió y se le iluminó la mirada. Él balbuceó algunas palabras y se
le subieron los colores. Estrella se ofreció a acompañarlo sin que encontrara
objeción alguna, permaneció en silencio mientras ella, de forma risueña y
alegre, le contaba las anécdotas del día. Llegaron a la panadería, Estrella
saludó a todos los presentes y él se limitó a hacer un movimiento de cabeza.
Compraron el pan y tomaron un café. Después ella se despidió con un ligero beso
en la mejilla y él se encaminó de vuelta a casa intentando no coincidir con
alguien conocido.
Entró
en casa, dejó el pan en la cocina y se fue directo al ordenador. Abrió su
perfil en Facebook y comprobó la
multitud de mensajes que había recibido de sus casi 5000 amigos virtuales, con los que hablaba
todos los días. A la vez se conectó desde el móvil al juego en red que estaba
de moda, en menos de 2 semanas había conseguido por su destreza, habilidad y
dotes diplomáticas ser el Canciller de una Alianza poderosa. Era el momento de
aconsejar, planear estrategias y conseguir recursos para seguir siendo de los
primeros en el ranking del juego. En eso estuvo durante horas. Luego comió algo
y espero el pitido habitual. Tumbado en el sofá sonó la entrada del mensaje del
Chat. Abrió el Whatsapp y un “hola cariño” le dió la bienvenida, seguido de una
foto de la chica en ropa interior, procedió a quitarse la camiseta y el
pantalón quedándose en slips, su
cuerpo depilado de metro ochenta y cinco, modelado a base de natación y running estaba listo para ser auto fotografiado. Tomó la iniciativa y poco a poco fue
transformando el Chat en un mundo
maravilloso de erótica fantasía. A una
hora prudencial terminaron con un simple “hasta mañana” y un… “adiós Estrella”.
lunes, 21 de mayo de 2012
¿ÚTIL?
Abro los ojos. La oscuridad me
invade. Giro la cabeza, son las 04:22h. de la mañana. Comienza un nuevo y
repetitivo día. Ahora toca dar vueltas y vueltas, cerrar los ojos fuertemente e
intentar dormir hasta que suene el despertador. Medio bien, medio mal logro
llegar al timbre que marca el inicio de las actividades del día. Me levanto con
esa sensación de pesadez en la boca del estomago y con esa tensión en hombros y
cuello que no consigo hacer desaparecer. El día no es complicado, pero no me
traerá ninguna novedad que mejore mi
situación. Llevar a los niños al cole, charlar con el resto de papás y mamás
que están como yo, volver al hogar. Hacer algo de faena en casa, mirar ofertas de empleo por Internet, enviar
CV’s (si encuentro algo interesante), intentar leer algo que me enganche y me
distraiga. Las horas pasan con esa sensación de perdida de tiempo. Luego si
tengo ánimo me iré a correr un poco, me servirá para auto-convencerme de que "hoy he
hecho algo útil". Mas tarde comida
familiar y deprisa a casa a “descansar”. Preparar las meriendas de los niños.
Ir al cole, recogerlos, deberes, plaza,
parque, juegos y vuelta a casa. Que dejen las cosas en el sitio, duchas, cenas,
ver dibujos en la tele y esperar a que llegue mi mujer. Se escucha la llave, se
abre la puerta. El entorno cambia, se relaja el ambiente. Ella llega cansada,
pero feliz. Reparte besos y abrazos. Nos pregunta como ha ido el día y casi sin
poder cambiarse, comienza de manera automática a recoger en la cocina, a meter
ropa en la lavadora, a sacar lo de la secadora, a pasar la escoba. No para. A
medida que va haciendo va preguntando que he hecho hoy. En algunos momentos se
enfada un poco, me dijo que hiciera alguna cosa y yo no la he hecho, ni
siquiera recuerdo que me pidiera hacerlo. Pero enseguida se le pasa. Intenta
animarme con anécdotas del trabajo, dice que hay amigos que se han interesado
por mi y que me tienen en cuenta. Que no me preocupe, que todo cambiará. Que
aproveche para disfrutar de mis hijos y para hacer todo lo que en veintitantos
años trabajando no pude hacer. Ella no sabe que para poder disfrutar de algo
tienes que desear hacerlo, ahora mismo, yo solo deseo sentirme útil aportando un
sueldo a casa.
lunes, 14 de mayo de 2012
¿SOMOS TODOS “FENICIOS”?
Domingo. Comida Familiar. En el
momento del café y los licores. Tras el vino y la cerveza ingerida en la comida
las lenguas se sueltan, las mentes se relajan, y el ambiente sosegado y
tranquilo invita a la conversación.
-
Está todo igual de mal, está crisis no se arregla -, dejó
caer Antonio para iniciar la conversación.
-
Como se va a arreglar… si aquí el que no corre vuela-,
comentó Eduardo.
-
Está crisis es por culpa de todos. Todos somos unos
aprovechados-, sentenció Inma (la mujer de Eduardo).
-
¿Cómo qué de todos?. Este problema viene por culpa de
los especuladores y por los políticos corruptos e ineptos que nos gobiernan. No
¡de todos!, faltaría mas-, dijo Antonio comenzando a acalorarse.
-
Está crisis se acabaría si todos pagasen sus impuestos,
si nadie se llevase su dinero a paraísos fiscales, si los que están cobrando el
paro no trabajasen en negro, si todos los profesionales cobrasen sus honorarios
con la correspondiente factura….
-
Sí no sacáramos las medicinas con la cartilla de la
abuela para que nos salgan gratis, si los médicos no recetaran más pastillas
que las que corresponde al tratamiento, si estos no se dejarán “untar” por los
visitadores médicos para que receten las medicinas de su empresa farmacéutica…
(seguía argumentando Inma apoyando a su marido).
-
Pero vamos a ver, eso sucede porque no hay ningún tipo
de control. ¿Cuantas inspecciones de hacienda se realizan?, ¿Cómo hacienda no
investiga a un “fontanero” por decir algo, que declara pocos ingresos y resulta
que va en coche de alta gama, tiene casa, chalet y viaja con mucha
frecuencia?-. dijo Antonio defendiendo su postura.
-
Todos somos unos chorizos, cuando podemos nos
aprovechamos de la situación y le sacamos más beneficio de lo que toca. En el
Norte de Europa no pasa, pero en España somos todos “fenicios”, nos gusta el
trapicheo, sacar el máximo rendimiento a las cosas y lo más rápido posible, sin
importarnos si es legal o no. Esto no tiene arreglo-, insistía Eduardo.
-
Yo creo que sí. No podemos seguir permitiendo está situación.
Político que robe… que devuelva lo robado y castigado duramente. Políticos que
gestionen mal… a la puñetera calle y que se responsabilicen del daño que
ocasionan a los ciudadanos, más impuestos para el que más gana, penalizar la
mala gestión bancaria y perjudicial para sus clientes y no que se vayan de
rositas con indemnizaciones millonarias…
-
¡Qué no hay remedio!- , le cortó Eduardo en voz alta.
En ese momento
Antonio sintió en su hombro la mano huesuda y deforme (por la artritis) de la
octogenaria iaia Esperanza y sin que nadie se lo pidiera, intervino:
-
Eduardo, no por gritar más tienes mayor razón. Lo
situación está mal. No sé si somos fenicios o griegos. Lo que la vida me ha
enseñado es que si uno no se esfuerza por cambiar las cosas estás nunca cambian.
Si la cosa está tan mal, ¿por qué no hacéis algo?.
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