lunes, 11 de junio de 2012

Mañana de domingo


Aunque me encuentro refugiado bajo un árbol este poniente me alcanza y me asfixia. El vaso de cerveza fría me acompaña y la ropa me estorba. Me siento aislado, a pesar de tener a escasos 25 metros  a varios niños jugando dentro de la piscina, pero el piar de los pájaros, la ausencia de ruido de los coches, el sonido de las ramas mecidas por el viento y la no presencia de más adultos en las cercanías, me permiten concentrarme en mis cosas y disfrutar de la soledad del momento. Tengo un libro en mis brazos, he comenzado a hojearlo. El principio está lleno de datos que el autor puede considerar importantes para el desarrollo de la trama, pero a mi no me incitan a continuar.  Oigo voces que se acercan y me rodean, deduzco que me han visto solo y quieren hacerme compañía, sin saber que en estos momentos estoy con mucho calor, pero disfrutando de mi aislamiento. Antes de sentarse me saludan y miran descaradamente al libro. Como no lo conocen se les rompe esa vía de dialogo, ¡bien!. Me asaltan con la típica pregunta; ¿qué haces aquí tan solo?, y continúan con; ¿cómo llevas el calor?. Les miento, les digo que apenas noto este desagradable aíre caliente y que Paco, Lidia y Antonio han ido a por bebida. Comienzan a invadir mi espacio, cada vez se acercan más. Quieren entablar conversación, ¡qué pesados!, e interesarse por mi vida. Me acaban de fastidiar  mi momento de felicidad acalorada. Les contesto con monosílabos e intento no darles cancha. Ellos insisten, ¡me están jorobando!, la cerveza se acaba, la boca se me seca y el sudor invade mi ropa. No sé que tengo, no sé que les atrae de mí, pero no cejan en su empeño de aproximarse. ¡No lo aguanto más!, me levanto, me excuso y me encamino hacia otra parte. En cuanto salgo de mi árbol me doy cuenta de mi error, lo veo todo nítido y claro. No querían hacerme compañía, solo deseaban conquistar el trozo de sombra que yo poseía.

martes, 5 de junio de 2012

EL PRIMER DÍA DE PLAYA


Nuestro primer día de playa. Un radiante sol nos acompaña y la brisa marina nos refresca. Coger un espacio vacío cerca de la orilla es complicado, las hamacas de alquiler ocupan los mejores sitios y un lugar público se convierte en negocio para unos pocos. Dejamos las toallas entre una familia, un grupo de jovencitas, un grupo de padres solteros (o eso parecen), una parejita, y algunas mujeres que se tuestan al sol luciendo minúsculos bikinis. Sin querer buscarlo, mi vista tendrá bonitas imágenes que mis genes masculinos agradecerán. Nos desvestimos, nos situamos en las toallas y mis hijas salen corriendo hacia la orilla. Me siento feliz, verlas disfrutar, reír, idear como construir su pozo o su castillo, como se las ingenian para llevar arena seca a su creación, es una gozada. Lamento no traer la cámara de fotos, la imagen de mis hijas sentadas en la orilla, inmersas en su proyecto, el pelo que se les mece al compás de las olas y el viento que llega del mar. Un mundo de colores, el marrón-verdoso-blanco del agua, los rojos, amarillos, azules, con dibujos, con rayas, con lentejuelas… de los bañadores y bikinis, las personas que no cesan de pasar por ese punto. Los gestos que hacemos y posturas que adoptamos y sobre todo la luz, esa luz increíble que tenemos, que invita a dejar este momento registrado para poder revivirlo en tiempos futuros. Siento no traer mi libreta y mi bolígrafo para escribir algo, me siento inspirado…, pero también observado. Miro a mí alrededor y encuentro el motivo de mi inquietud, unos “ojos” me miran de forma intensa, acompañan a un cuerpo bonito que esconde su rostro a la sombra de una sombrilla roja, la estampa me llama la atención y me hace gracia. Realmente parece que esos  ojos me observan….
Las horas pasan rápidas entre juegos, conversación, chapuzón y un sinfín de estímulos y percepciones. Pero el sol comienza a castigar con dureza y nuestras pieles aun aletargadas después del invierno no están preparadas para tanto calor. Nos marchamos, con la convicción de volver otro día y seguir disfrutando…

martes, 29 de mayo de 2012

Doble cara


Apenas había podido terminar sus estudios superiores, vestía de forma limpia, pero desaliñada y con ropas demasiado anchas. Hacia meses que estaba sin trabajo y vivía de la prestación por desempleo que generaron sus  diez años de actividad….. Siempre que salía de casa intentaba ir por la acera menos concurrida, no deseaba hablar con nadie. Continuamente había alguien dispuesto a contar sus problemas o a curiosear en vida ajena. Le molestaba tener que dar explicaciones o escucharlas de quienes no compartían con él una relación más estrecha.
Tras girar una esquina se dio de bruces con Estrella, una chica preciosa, dos años menor que él, que vivía en pareja con un estupido musculitos que trabajaba en el metal. Ella no era feliz, pero aguantaba. Estrella le pidió disculpas por el choque, le sonrió y se le iluminó la mirada. Él balbuceó algunas palabras y se le subieron los colores. Estrella se ofreció a acompañarlo sin que encontrara objeción alguna, permaneció en silencio mientras ella, de forma risueña y alegre, le contaba las anécdotas del día. Llegaron a la panadería, Estrella saludó a todos los presentes y él se limitó a hacer un movimiento de cabeza. Compraron el pan y tomaron un café. Después ella se despidió con un ligero beso en la mejilla y él se encaminó de vuelta a casa intentando no coincidir con alguien conocido.

Entró en casa, dejó el pan en la cocina y se fue directo al ordenador. Abrió su perfil en Facebook y comprobó la multitud de mensajes que había recibido de sus casi 5000 amigos virtuales, con los que hablaba todos los días. A la vez se conectó desde el móvil al juego en red que estaba de moda, en menos de 2 semanas había conseguido por su destreza, habilidad y dotes diplomáticas ser el Canciller de una Alianza poderosa. Era el momento de aconsejar, planear estrategias y conseguir recursos para seguir siendo de los primeros en el ranking del juego. En eso estuvo durante horas. Luego comió algo y espero el pitido habitual. Tumbado en el sofá sonó la entrada del mensaje del Chat. Abrió el Whatsapp y un “hola cariño” le dió la bienvenida, seguido de una foto de la chica en ropa interior, procedió a quitarse la camiseta y el pantalón quedándose en slips, su cuerpo depilado de metro ochenta y cinco, modelado a base de natación y running estaba listo para ser auto fotografiado.  Tomó la iniciativa y poco a poco fue transformando el Chat en un mundo maravilloso  de erótica fantasía. A una hora prudencial terminaron con un simple “hasta mañana” y un… “adiós Estrella”.

lunes, 21 de mayo de 2012

¿ÚTIL?


Abro los ojos. La oscuridad me invade. Giro la cabeza, son las 04:22h. de la mañana. Comienza un nuevo y repetitivo día. Ahora toca dar vueltas y vueltas, cerrar los ojos fuertemente e intentar dormir hasta que suene el despertador. Medio bien, medio mal logro llegar al timbre que marca el inicio de las actividades del día. Me levanto con esa sensación de pesadez en la boca del estomago y con esa tensión en hombros y cuello que no consigo hacer desaparecer. El día no es complicado, pero no me traerá ninguna  novedad que mejore mi situación. Llevar a los niños al cole, charlar con el resto de papás y mamás que están como yo, volver al hogar. Hacer algo de faena en casa,  mirar ofertas de empleo por Internet, enviar CV’s (si encuentro algo interesante), intentar leer algo que me enganche y me distraiga. Las horas pasan con esa sensación de perdida de tiempo. Luego si tengo ánimo me iré a correr un poco, me servirá para auto-convencerme de que "hoy he hecho algo útil".  Mas tarde comida familiar y deprisa a casa a “descansar”. Preparar las meriendas de los niños. Ir al cole,  recogerlos, deberes, plaza, parque, juegos y vuelta a casa. Que dejen las cosas en el sitio, duchas, cenas, ver dibujos en la tele y esperar a que llegue mi mujer. Se escucha la llave, se abre la puerta. El entorno cambia, se relaja el ambiente. Ella llega cansada, pero feliz. Reparte besos y abrazos. Nos pregunta como ha ido el día y casi sin poder cambiarse, comienza de manera automática a recoger en la cocina, a meter ropa en la lavadora, a sacar lo de la secadora, a pasar la escoba. No para. A medida que va haciendo va preguntando que he hecho hoy. En algunos momentos se enfada un poco, me dijo que hiciera alguna cosa y yo no la he hecho, ni siquiera recuerdo que me pidiera hacerlo. Pero enseguida se le pasa. Intenta animarme con anécdotas del trabajo, dice que hay amigos que se han interesado por mi y que me tienen en cuenta. Que no me preocupe, que todo cambiará. Que aproveche para disfrutar de mis hijos y para hacer todo lo que en veintitantos años trabajando no pude hacer. Ella no sabe que para poder disfrutar de algo tienes que desear hacerlo,  ahora mismo,  yo solo deseo sentirme útil aportando un sueldo a casa.

lunes, 14 de mayo de 2012

¿SOMOS TODOS “FENICIOS”?


Domingo. Comida Familiar. En el momento del café y los licores. Tras el vino y la cerveza ingerida en la comida las lenguas se sueltan, las mentes se relajan, y el ambiente sosegado y tranquilo invita a la conversación.
-         Está todo igual de mal, está crisis no se arregla -, dejó caer Antonio para iniciar la conversación.
-         Como se va a arreglar… si aquí el que no corre vuela-, comentó Eduardo.
-         Está crisis es por culpa de todos. Todos somos unos aprovechados-, sentenció Inma (la mujer de Eduardo).
-         ¿Cómo qué de todos?. Este problema viene por culpa de los especuladores y por los políticos corruptos e ineptos que nos gobiernan. No ¡de todos!, faltaría mas-, dijo Antonio comenzando a acalorarse.
-         Está crisis se acabaría si todos pagasen sus impuestos, si nadie se llevase su dinero a paraísos fiscales, si los que están cobrando el paro no trabajasen en negro, si todos los profesionales cobrasen sus honorarios con la correspondiente factura….
-         Sí no sacáramos las medicinas con la cartilla de la abuela para que nos salgan gratis, si los médicos no recetaran más pastillas que las que corresponde al tratamiento, si estos no se dejarán “untar” por los visitadores médicos para que receten las medicinas de su empresa farmacéutica… (seguía argumentando Inma apoyando a su marido).
-         Pero vamos a ver, eso sucede porque no hay ningún tipo de control. ¿Cuantas inspecciones de hacienda se realizan?, ¿Cómo hacienda no investiga a un “fontanero” por decir algo, que declara pocos ingresos y resulta que va en coche de alta gama, tiene casa, chalet y viaja con mucha frecuencia?-. dijo Antonio defendiendo su postura.
-         Todos somos unos chorizos, cuando podemos nos aprovechamos de la situación y le sacamos más beneficio de lo que toca. En el Norte de Europa no pasa, pero en España somos todos “fenicios”, nos gusta el trapicheo, sacar el máximo rendimiento a las cosas y lo más rápido posible, sin importarnos si es legal o no. Esto no tiene arreglo-, insistía Eduardo.
-         Yo creo que sí. No podemos seguir permitiendo está situación. Político que robe… que devuelva lo robado y castigado duramente. Políticos que gestionen mal… a la puñetera calle y que se responsabilicen del daño que ocasionan a los ciudadanos, más impuestos para el que más gana, penalizar la mala gestión bancaria y perjudicial para sus clientes y no que se vayan de rositas con indemnizaciones millonarias…
-         ¡Qué no hay remedio!- , le cortó Eduardo en voz alta.

En ese momento Antonio sintió en su hombro la mano huesuda y deforme (por la artritis) de la octogenaria iaia Esperanza y sin que nadie se lo pidiera, intervino:
-         Eduardo, no por gritar más tienes mayor razón. Lo situación está mal. No sé si somos fenicios o griegos. Lo que la vida me ha enseñado es que si uno no se esfuerza por cambiar las cosas estás nunca cambian. Si la cosa está tan mal, ¿por qué no hacéis algo?.